lunes, 30 de septiembre de 2013

BAUZÁ Y "LA REVOLTA FORANA"

A mediados del siglo XV, en Mallorca se produjo una rebelión de los pueblos mallorquines en contra de la aristocracia y la incipiente burguesía de Palma, conocida como la “revolta forana”. El motivo de la rebelión fue la desproporcionada fiscalidad que afectaba a los habitantes de las zonas rurales y la corrupción, una lacra que como se puede ver  viene de lejos.

Hoy el presidente Bauzá se enfrenta a otra “revolta” de la “part forana”, y no sólo entre sus opositores, sino en sus propias filas. El éxito de la huelga indefinida ha dejado descolocada a la cúpula dirigente del PP en Baleares. El presidente Bauzá y sus consellers han intentado presentar la huelga como una protesta de cariz político, pero la realidad ha venido a desmentirles, porqué a lo que se enfrenta el gobierno del PP es a una revuelta social. En la mayoría de pueblos de Mallorca, y de las otras islas, la participación en la huelga ha sido masiva y el apoyo de la población casi unánime. Los alcaldes de los diferentes pueblos de las Baleares, mayoritariamente del partido popular, ven con preocupación un movimiento social que amenaza seriamente con arrebatarles su primacía en los consistorios. Son estos alcaldes del PP de la llamada “part forana” de Mallorca, los que están forzando a Bauzá a negociar, no quieren conflictos en sus municipios  y menos uno que amenace sus mayorías conservadoras. Estos alcaldes están permitiendo con sus abstenciones en los plenos municipales, o incluso con sus votos a favor, la aprobación de resoluciones en favor del diálogo y de la retirada del decreto del TIL, y llaman continuamente a Palma para pedir que el gobierno negocie.

Por primera vez en muchos años, los cargos electos del PP piden a su gobierno autonómico que rectifique, porqué entienden que la reforma es precipitada, poco elaborada e impopular y, aun peor, que amenaza con echarles de sus cargos en las próximas elecciones municipales. Y esta es la razón por la que el gobierno del PP en Baleares se ha sentado a negociar con los sindicatos y con la asamblea de docentes. El PP de Bauzá le importa poco que la huelga esté perjudicando a los alumnos y alterando la vida de la comunidad, su interés no está en la mejora de la educación. Pero a Bauzá y a sus más fieles acólitos les preocupa, y mucho, que se resquebraje la unidad interna de su partido, porque eso amenaza su posición de dominio político en las Baleares. Bauzá es un líder autoritario,  ajeno a la cultura y a los intereses de la población que gobierna, que piensa que los ciudadanos le dieron un cheque en blanco para hacer lo que quisiera. Bauzá  entiende la política como un ejercicio militar, donde sólo cuenta la jerarquía y la cadena de mando, donde hay que obedecer y no hacer preguntas, porqué el jefe, él, no se equivoca, no puede equivocarse, y sería capaz de inmolar toda la comunidad antes que cambiar de opinión o dialogar. Por eso ve con consternación y antipatía la contestación de los suyos, la juzga como un acto de infidelidad, de traición, como un acto antinatural.


Si, finalmente, la huelga logra su propósito  y el gobierno se ve obligado a hacer marcha atrás en sus postulados, se habrá conseguido un doble objetivo: parar una reforma mal estructurada e improvisada  y resquebrajar la autoridad monolítica de un mal presidente.

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